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En verano anochece más tarde, mientras los días se alargan, las noches se acortan. En su movimiento de traslación o giro alrededor del Sol, la Tierra se acerca al astro rey e inclina su hemisferio norte, un gesto de reverencia que nos proporciona más horas de luz y calor.

El verano huele a mucha cosas, se despliega un enorme abanico de aromas y olores, que no podemos ver y sin embargo sentimos tan reales. Los atardeceres estivales tienen su propio encanto, un brillo esplendoroso que se apaga gradualmente y da paso a una oscuridad abierta y azulada. Y entonces la magia cobra vida, hasta las telarañas posadas en las ramas de un arbusto dejan de tener un aspecto tenebroso. Y mientras la Tierra gira y gira, todo parece normal aquí abajo, una vuelta más, el reloj que no se detiene y otra vez jugamos a alejarnos o acercarnos al absurdo, según donde cada uno siente que debe vivir.

¿Y tú dónde sientes que debes vivir en el sentido o en el contrasentido de las cosas?

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