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Este pequeño insecto se posó encima de un palo de cañizo y se quedó así de quieto mientras lo fotografiaba. Por un momento pensé que me estaba mirando a los ojos fijamente, aunque sé muy bien que su visión del mundo es muy diferente a la mía. Sería muy enriquecedor conocer cómo ve el mundo, pues aunque los dos tenemos un sistema nervioso, el mío es mucho más complejo y sofisticado que el suyo, y ha alcanzado tal desarrollo que hasta puedo convertir en realidad mis sueños. Puedo soñar con cosas que no existen y hacer que existan. Los sueños nacen de dentro y no existen fuera, y por esta razón, cuando los materializamos nos parece cosa de magia.

Después de hacerle la fotografía, volví a mirar por el objetivo y ya no estaba, el insecto se había ido, sin embargo, cerré los ojos y todavía seguía en mi mente. Seguramente esta noche sueño con él y me invento alguna historia. Curiosa capacidad la del cerebro: cose pedazos de retales de los cuales está hecha la realidad.

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